Mostrar la cultura y el vivir del ser humano. En eso se centra el trabajo de Marisol Bergmann, quien por más de dos décadas se ha dedicado a trabajar con madera, creando esculturas, cuadros y diferentes objetos artesanales.
Esta aventura creativa comenzó en 1994, año en que vendió todo lo que tenía: quería cambiar radicalmente su forma de vida, tener más libertad y estar más tranquila. Es por eso que eligió la localidad rural de Quiao, en la isla chilota de Chonchi. En ese sitio, levantó arriba de la montaña y en medio de un bosque la que hasta el día de hoy es su casa y espacio de trabajo: el Taller Picapalos.
Marisol, desde ese hogar en Chiloé, cuenta que su trabajo en madera comenzó de manera autodidacta, y más bien por necesidad. Tenía que generar ingresos para vivir y por eso decidió fabricar con madera diversos objetos para vender: utensilios de cocina, servilleteros, objetos decorativos.
Actualmente, la artista desarrolla esculturas pequeñas, cuadros e incluso juegos para niños, los que vende en su taller. Todos fabricados con maderas reutilizadas de alerce y ciprés local, rescatados entre desechos de construcciones, o desde puertas y ventanas de casas antiguas. Así, le da una segunda vida a ese material.
-A pesar de que vivo en el bosque y de que tengo mucha madera nativa, que podría sacar del bosque para trabajar, me gusta encontrar esa madera que ya tiene un pasado, que tiene un trabajo, y que valoro mucho más por estar haciendo ese reciclaje, esa reutilización que es un trabajo del artesano y del carpintero antiguo-, explica Bergmann.
Una vez que Marisol recoge la madera, la limpia y la deja expuesta a la lluvia durante días.
-La voy dando vueltas, le voy pasando unas escobillas, y empiezo a encontrar la veta en la madera. Algunas las voy dejando al sol para que tomen esa tonalidad plomiza metalizada que tiene la madera milenaria-, dice y añade que tras eso procede a tallar y a cortar las piezas para dar vida a sus nuevas creaciones.
Bergmann ha explorado diversas áreas para ese trabajo y así, hace unos años, desarrolló el lego chilote, juguete que, en 2014, pasó a formar parte de los jardines de la JUNJI. Para fabricarlo, se inspiró en antiguos sistemas de uniones carpinteras, hechas en base a tarugos de madera. Con ellos, los niños pueden ir uniendo piezas y formar figuras.
Para crear, Marisol deja fluir su creatividad a partir de las maderas que va descubriendo. No tiene límites de tiempo ni de formas y es por eso que también ha incorporado otras materias vegetales.
-Empecé a utilizar fibras del bosque, que las han usado de manera ancestral, y las uso hasta la actualidad para unir y hacer collages en madera-, destaca.
Con todo esto, intenta crear un mensaje artístico centrado en nuestro vivir, donde se destaque nuestro patrimonio natural pero también cultural, poniendo en valor técnicas con las que se fabricaron diversos elementos arquitectónicos.
Y su mensaje ha sido bien recibido. En 2018, luego de organizar algunas exposiciones, vendió todas las obras que tenía. Por esa razón, este 2019 se dedicará a preparar una nueva colección de obras y de legos que, a diferencia de los clásicos, ahora también permitirán armar y construir piezas con formas de animales.
-Hago las patitas, las manitos, la cabeza y después hago la forma con distintos pedazos de madera. El resto se lo hacen los niños, quienes inventan segmentos como la cola, por ejemplo-, detalla la artista.
Por otro lado, Marisol planea realizar durante este año el taller “Creando oficio”, con mujeres de la isla Litec, quienes participan de un programa de la Fundación Prodemu. Allí, se les enseña a tallar y a crear objetos de manera libre y espontánea, para que puedan generar ingresos. Será, en esencia, algo que ella hoy describe como un taller Picapalos 2.